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Energías Renovables y Cambio Climático

Principales posiciones en Compenhague
(publicado el 5 de Diciembre de 2009)

En la Conferencia de las Partes (COP-15) que se realizar entre los días 7 a 18 de diciembre en Copenhague casi 190 países están negociando en el marco del Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) para abordar el cambio climático de manera conjunta más allá del año 2012.

Las negociaciones hacia un acuerdo de "Copenhague" están destinadas a ser los próximos pasos hacia el cumplimiento de los objetivos de la Convención: estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogenias peligrosas en el sistema climático.

El principio de "responsabilidades comunes pero diferenciadas" entre las partes impregna el debate sobre las obligaciones de las diferentes formas, niveles de esfuerzo, y posibilidades de verificación. Aquí está un resumen de las intensiones clave, los desacuerdos y lo emisor están trayendo a la mesa de negociación.

País/Bloque

Que intensiones tiene o pide a cambio

Que ofrece en la mesa negociaciones

Situación general y observaciones

EE.UU

Quiere obligar a los países en desarrollo a asumir restricciones de las emisiones con un control transparente. Esto es permitir la supervisión independiente de las emisiones.

Ofrece ayuda financiera. A dos días cierre de las conferencia intentó destrabar el conflictos mediante una oferta pública que establecería un compromiso de los países desarrollados a proporcionar las naciones más pobres con $ 100 mil millones por año en 2020 para ayudarlas a combatir el cambio climático y reducir sus emisiones.

La oferta de asistencia está en una escala similar a los planes sugeridos por la UE en comunicados previos a la conferencia. Sin embargo el compromiso se asume sólo en el caso de alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante.

La propuesta que puede llevar a Copenhague es la que prevé reducir las emisiones de su país en un 17 % para el año 2020 frente a los niveles de 2005. Esto equivale a una reducción del 3 por ciento con respecto a los niveles de 1990, la comparación que utiliza la Unión Europea (UE). El esfuerzo será progresivo con un objetivo final de reducción del 83% para 2050. Sin embargo, un compromiso de esta escala dependerá de la aprobación de un renuente Senado

China

Se opone a que la contención del crecimiento de las emisiones de sea controlada por una inspección externa, sino que desea verificar sus propias emisiones.

Aunque ha establecido un objetivo nacional para reducir la cantidad de dióxido de carbono emitido por unidad de producto en 40-45 por ciento en 2020 insiste en que anunciar esa meta a nivel nacional lo haría obligatorio; pero de esta manera verificaría sus propias emisiones.

China no está pidiendo dinero, la presión podría venir en forma de amenaza de medidas de protección comercial, tales como aranceles fiscales aduaneros.

Si el resto de los países logran presionarlo lo suficiente, podrían aceptar algún tipo de monitoreo externo.

China, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, no tiene ninguna obligación internacional para frenar sus emisiones. Los países occidentales están de acuerdo todavía tiene derecho a un trato especial y nadie pide reducciones absolutas de las emisiones en la próxima década (al igual que para los otros países del mundo en desarrollo) sólo se está obligado a contener el futuro crecimiento de sus emisiones.

G77 países en vías de desarrollo

Asegurarse de que los países industrializados mantengan las reducciones de las emisiones de promesas que hicieron en el marco del Protocolo de Kyoto de 1997 (que hace una fuerte división en dos grupos: países desarrollados, que aceptaron recortes en las emisiones, y el resto, sin compromisos jurídicamente vinculantes)

También reclaman asistencia financiera de $ 10 mil millones al año durante los próximos tres años y $ 100 mil millones para el año en 2020

Lo mejor que pueden ofrecer estos países es adoptar una posición menos intransigente que ayude a alcanzar un acuerdo. Los países africanos abandonaron brevemente el recinto durante el lunes, obligando a una suspensión de las conversaciones. A lo largo de toda la semana, algunos líderes dedicaron gran parte del tiempo a despotricar contra las naciones desarrolladas, retrasando aún más el desenlace de las negociaciones.

Es un grupo increíblemente diverso compuesto por 130 países, incluidos pequeñas islas como Vanuatu y estados de ingresos medios como Argentina. Algunas naciones del grupo son 50 veces más ricos que otras.

Sin embargo, el grupo no es ni una unidad de negociación que actué con posiciones compartidas en bloque, ni tampoco están especialmente bien organizados.

Unión Europea

Quiere que los países en desarrollo se comprometan a reducir el crecimiento de sus emisiones de manera vinculante y también pide que las naciones más ricas realizan recortes de emisiones más profundos

El bloque ya ha ofrecido elevar su objetivo de reducción de emisiones del actual 20 por ciento por debajo de los niveles de 1990 a un 30 por ciento. Además se comprometen a asistir financieramente (junto con otras naciones desarrolladas) a los países más pobres para ayudar a la adaptación y mitigación.

La UE ha liderado el proceso en el pasado y busca fuertemente alcanzar un acuerdo donde los países industrializados se comprometan a reducir emisiones y apoyar financieramente a los países en vías de desarrollo para que éstos puedan contener el futuro crecimiento de las suyas

 

EN BUSQUEDA DE PROPUESTAS ESTRATEGICAS:
Pequeñas Reformas, Grandes Cambios  –Un Enfoque Regional
(publicado el 5 de Diciembre de 2009)

América Latina ocupa una posición única en los mercados de carbono, siendo el mayor generador de Certificados de Reducción de Emisiones (CERs) per cápita en el mundo. Nuestra región cuenta en su haber con un total de 1,82 proyectos en el pipeline del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) por cada 1000 habitantes seguidos en un segundo lugar por la región Asia Pacifico con 1,08 proyectos en el pipeline, según datos de la UNEP Risoe Centre. En términos absolutos, el pipeline de proyectos MDL de América Latina cuenta con un total de 818 proyectos, de los cuales 444 se encuentran ya registrados, mientras que la región de Asia Pacifico eclipsa dicho record con un total de 3.705 proyectos en dicho pipeline. Mientras que en países como Brasil y México existe una gran actividad (con 350 y 160 proyectos, respectivamente), en países como Argentina, Chile, Perú, Colombia, Honduras, Ecuador y Guatemala, el nivel de actividad es muy inferior. Incluso, países tales como Venezuela y Belice desconocen aún su potencial.

La participación de América Latina en el mercado global de proyectos MDL es significativa, con un porcentaje superior al 12% a pesar de que en los últimos años dicha participación ha venido disminuyendo. Una de las razones, se debe al modo masivo y agresivo con el cual desde Asia se fueron presentando diversos proyectos MDL, los cuales fueron acompañando el sostenido crecimiento económico de China. Otra de las razones, se debe a que las redes eléctricas de China y de la ex URSS son altamente intensivas en carbono por lo que un mismo proyecto de generación de energía limpia, es mucho más rentable en Asia Pacifico que en América Latina. Sin embargo, vale destacar que los mercados de carbono totalizan en el mundo un valor financiero de 100.000 millones de dólares, mientras que diversos analistas estiman que en la próxima década podrían alcanzar los 1.000 billones de dólares. En consecuencia, el potencial de América Latina para recuperar su perdida participación de mercado y capitalizar para sí dicha expansión del mercado global descansa en su capacidad y esfuerzo para incrementar su competitividad en el desarrollo de dichos proyectos y en el de diversificar su portafolio de proyectos MDL.

Según Prospectiva 2020, el desarrollo del sector Forestal satisface ambas condiciones. Actualmente, el sector Uso de la Tierra, Cambio y Uso de la Tierra y Forestación (UTCUTF) es el menos importante a nivel regional con una participación de 1,5% a nivel regional y 0,35% a nivel global. Sin embargo, a pesar de ello, 46% de las emisiones de gases de efecto invernadero generados en América Latina provienen de dicho sector en cuestión. Por lo tanto, existe un inmediato potencial, como así también la necesidad, de realizar progresos en el área de reducción de la deforestación y degradación de los suelos y la reducción de emisiones asociadas. Este sector posee un gran potencial en nuestra región y sin embargo se encuentra subdesarrollado. La introducción de pequeñas reformas en dicho sector tendría un impacto significativo en los efectos sobre una mejora sobre la evolución del cambio climático.

Actualmente, los créditos producto de la reducción de emisiones provenientes de la deforestación y degradación de los suelos (REDD, Reducing Emissions from Deforestation and Degradation) solo son aceptados en los mercados voluntarios, no siendo considerado como un crédito de reducción de emisiones bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). Por el momento, solo los créditos generados por proyectos de Forestación y Reforestación son aceptados bajo el MDL.

Desarrollar el potencial de los REDD resulta de vital importancia para contribuir en la mitigación del cambio climático a nivel global renovando; así el interés por el desarrollo del potencial del sector UTCUTF. El conjunto de los distintos aspectos de dicho sector, como por ejemplo los créditos REDD, deben ser incluidos en el Acuerdo post-2012, expandiendo así la actual frontera de posibilidades de reducción de emisiones significativamente.

Para que dicha propuesta sea exitosa, diferentes desafíos deben ser superados con el propósito de materializar el potencial de dicho sector. Y en este sentido, el tipo de propuesta y su enfoque realizado por la región en la próxima conferencia a realizarse en Copenhague resultará decisivo. La pregunta es: En qué medida y de qué manera, América Latina, como así también otros países en desarrollo, ayudaran a crear y expandir este mercado.
En este sentido, según la prensa internacional, el gobierno danés propone el año 2025 como fecha límite para que todos los países fijen un límite a sus niveles de emisiones, borrando así la diferencia actual entre países desarrollados y en desarrollo. Como consecuencia de esto, se espera que los líderes de Brasil, Sud África, India y China presenten su propia propuesta como alternativa a la del gobierno danés.

Si bien a pocos días / horas de la conferencia de Copenhague, aún existe incertidumbre, esta se encuentra acompañada por algunos elementos concretos que portan esperanza. En nuestra región, Brasil, país huésped de la selva tropical más grande del mundo, propondrá la próxima semana en la conferencia global sobre cambio climático que: un decimo de las reducciones de gases de efecto invernadero asignada a los países desarrollados bajo un nuevo acuerdo climático pueda ser cubierto a través de la preservación de arboles y selvas naturales. Por ejemplo, si el objetivo de reducción fuese de un 30%, entonces, hasta un 3% podría ser compensado adquiriendo créditos REDD. De esta manera, el conjunto de los países se verá comprometido a limitar el uso de selvas naturales e incrementar las áreas de protección como medio para mitigar el cambio climático.

Brasil apoyará el Programa de Colaboración de las Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones generadas como resultado de la Protección de Selvas y su Degradación (UN-REDD, por sus siglas en ingles). Este Programa está constituido por un fondo establecido en julio de 2008 que permite recompensar a los inversores orientados a la preservación de este tipo de recursos, o bien a través de créditos REDD o bien en forma monetaria. Algunos países con alto potencial para beneficiarse de dichas políticas son por ejemplo Perú, Ecuador y Bolivia, entre otros.

Adicionalmente, Brasil propondrá que los países desarrollados contribuyan cada año con una participación que oscilaría entre 0,5% y 1% de su PBI para promover el desarrollo de este tipo de políticas en países en desarrollo. Gran parte del proceso de deforestación y degradación de las selvas naturales están destinadas a la agricultura y producción de alimentos con destino a países desarrollados. 

Enviados de más de 190 países a la capital danesa, el próximo lunes 7 de diciembre, muy probablemente discutirán la posibilidad de que países en desarrollo asuman compromisos cuantitativos de reducción de sus emisiones, que los limites sean más estrictos para los países desarrollados, como así también otros métodos para financiar el desarrollo económico bajo en niveles de emisiones o incluso combinaciones y variantes entres ellas. Sin embargo, desde una perspectiva regional, las negociaciones pueden ser un éxito si pequeñas reformas con un alto potencial de mitigación del cambio climático logran el consenso del conjunto de los países representados. En concreto, el desarrollo del sector Uso de la Tierra, Cambio y Uso de la Tierra y Forestación (UTCUTF) actualmente sub explotado, responsable del 36% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y en el cual se podría involucrar el conjunto de los países evitando las actuales separaciones y conflictos de intereses.

 

Rumbo a Copenhague

(publicado: martes 22 de Septiembre de 2009)

Del 7 al 18 de diciembre de este año se celebrará la decimoquinta Conferencia de Partes (COP 15) de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) en la ciudad de Copenhague donde se negociará un nuevo acuerdo que sustituya al Protocolo de Kyoto tras su finalización en 2012. Este es un desafío enorme para la comunidad internacional ya que puede ser una de las últimas oportunidades para alcanzar un acuerdo global dirigido a mermar el recalentamiento global.

A partir del Plan de Acción de Bali en el año 2007 se fijó un límite de dos años al proceso de negociación, que incluye todas las partes de la CMNUCC, por lo tanto, también los países que no han ratificado Kyoto, como es el caso de EE.UU. Es por esto, que la convención en Copenhague marcará un hito, ya que su desenlace será determinante en las políticas y decisiones destinadas a la lucha internacional contra el cambio climático.

Sin embargo, las conversaciones y movimientos parecen estar paralizadas al plantearse claras divergencias entre el grupo de naciones ricas y el grupo de naciones que se encuentran en vías de desarrollo. Los países desarrollados tienden a ver un problema severo que no puede resolverse sin la participación plena de los países en desarrollo - en particular China, India y otras economías de mercado emergentes. Por su parte, las naciones en desarrollo entienden que es un problema que no fue creado por ellos, y en el cual se les pide que tomen medidas que amenazan con frenar el su crecimiento y asfixiar su capacidad de elevar sus niveles de vida.

Es un hecho elemental que una amenaza global como es la del peligro del cambio climático requiere soluciones del mismo carácter que involucren a todas las naciones del planeta. Esto resulta indudable al observar los cálculos que estiman que sin medidas de mitigación en los países en desarrollo el promedio de emisiones per cápita actual de 4,8 toneladas de dióxido de carbono al año aumentaría a 8,7 toneladas en 50 años. El panel Intergubernamental de la ONU de sobre el Cambio Climático (IPCC) estima que un nivel seguro de emisiones de dióxido de carbono es de 2,3 toneladas.

De allí que se está ejerciendo una considerable presión para convencer a las economías emergentes de rápido crecimiento, principalmente India y China, de tomar medidas para un futuro bajo en carbono mediante limites en sus emisiones de gases de efecto invernadero. Ambos países han sostenido sistemáticamente que no deben ser obligados a establecer objetivos vinculantes en el corto a mediano plazo debido a que sus emisiones per cápita son mucho menores que la de los países desarrollados. Según se estima, las emisiones per cápita en países como Australia, EE.UU. y Canadá se ubican entre las 18 y 21 toneladas de CO2 equivalente; en promedio un habitante chino emite 4,5 toneladas de GEIs al año, mientras un indio emite tan solo 1,16 toneladas. Debido a que cuentan con poblaciones de más de mil millones, las emisiones agregadas de esos dos países los ubican en primer y cuarto lugar en el ranking de más grandes emisores del mundo.

A esta altura es evidente que estas naciones no adoptaran compromisos de reducción como si lo hacen los países desarrollados, pero al menos se espera que se comprometan con acciones fuertes y tangibles en el mediano plazo para producir menos emisiones de lo que se darían en contexto de seguir con los actuales patrones de consumo.

Muchos son los expertos que abogan por un enfoque más suave de las naciones más pudientes al creer que, de seguir con estas presiones para que adopten compromisos de reducción se producirá un enfrentamiento seguido por una creciente controversia y políticas de presión que podrían extenderse a otros aspectos del comercio internacional y los flujos de capital.

A partir de esta situación ya es indudable que sin ayuda financiera no habrá compromisos de reducción por parte de las naciones más pobres, por lo que se necesitará una responsabilidad de los países desarrollados para ayudar a pagar los programas. Consecuentemente, se ha instalado el debate sobre que cantidad de dinero deberían ofrecer las naciones ricas, además de programas de colaboración donde se compartan las tecnologías que ayudarían a avanzar hacia un mundo con menos carbono.

Una de las propuestas que más trascendió fue la realizada por Gordon Brown a mediados de 2009. El primer ministro británico, que intenta mostrarse como uno de los líderes en la búsqueda de consenso político para alcanzar un acuerdo a nivel mundial, propuso un monto de transferencia en concepto de "adaptación" de $ 100 mil millones de dólares (€ 68bn) al año a los países pobres para el año 2020. Gran parte de esta financiación podría proceder del sector privado a través de esquemas de comercio de emisiones de los países desarrollados.

Stavros Dimas, Comisario de Medio Ambiente de la Comisión Europea, expuso las condiciones según el cual la UE podría contribuir entre € 2 mil millones a € 15 mil millones por año a los países en desarrollo al decir que el nivel de financiación dependerá de lo ambicioso que resulte el acuerdo de Copenhague. Además instó a los EE.UU. y otros países desarrollados a sugerir propuestas de financiación propias. La Comisión espera que su propuesta ayude a desbloquear los debates y alcanzar un acuerdo.

En Prospectiva 2020 entendemos que este es un gran desafío para la comunidad mundial, en el que no solo es necesario alcanzar un acuerdo sobre el régimen climático global para el periodo post-2012 en torno a la necesidad de reducir emisiones, sino más bien un compromiso global que contribuya a sentar las bases para un desarrollo sostenible. En esto se deben tener en cuenta los progresos de la ciencia, la adaptación y transferencia tecnológica y los modelos de financiación para el desarrollo. Estos hechos se debe dar dentro de un marco de una visión compartida sobre como realizar la transición hacia un modelo de desarrollo bajo en carbono, y principalmente, respetuoso del medio ambiente.

Los líderes del G-20 se reunirán el 24 y 25 de Septiembre en la ciudad de Pittsburg. Allí se espera que se ayuden a definir políticas para salir de la recesión económica y también discutir las formas de financiar la lucha contra el cambio climático.

¿En que situación se encuentran las grandes naciones?

Reino Unido. El “Plan de Transición a una economía baja en carbono”  anunciado por el Secretario de Energía y Cambio Climático, Ed Miliband, planea producir el 40% de las necesidades de electricidad a partir de “tecnologías limpias" en el año 2020. La electricidad baja en carbono vendrá a partir de energía nuclear, eólica, solar, marina y de carbón limpio. Para alcanzar este objetivo el Gobierno Británico destinará hasta 60 millones de libras energía  mareomotriz y undimotriz (energía a través de las olas) y 120 millones de libras para parques eólicos.

Australia. Lo que sucede en Australia es seguido bien de cerca por los especialistas ya que puede servir para interpretar lo que puede acontecer en EE.UU. con el proyecto de ley dirigido a mitigar el cambio climático. En Agosto, el gobierno de Kevin Rudd se vio obligado a dividir un proyecto de ley del cambio climático en dos. El proyecto de ley original incluía una meta en la cual el 20 por ciento de la electricidad provenga de fuentes renovables para el año 2020, que fue apoyado por los partidos de oposición, junto con el régimen de reducción de las emisiones de carbono que en encontró una fuerte oposición en los conservadores liderados por Malcolm Turnbull.

La propuesta se modificará antes de regresar para una segunda votación en noviembre. Esto ha provocado una fuerte disputa política y se especula que si el régimen de comercio de emisiones no pasa por el Senado por segunda vez, esto le proporcionaría a Rudd la oportunidad constitucional para convocar elecciones anticipadas en diciembre y renovar ambas cámaras. Si es reelegido por los votantes, junto con una mayoría parlamentaria ampliada para su Partido Laborista, el régimen de comercio de carbono podría ser presentado nuevamente con una mayor probabilidad de ser aprobado.

Australia es el país con más alto nivel de emisiones per cápita gases de efecto invernadero en el mundo desarrollado por encima de Estados Unidos, en gran parte se debe a su fuerte dependencia del carbón para generar electricidad.

Japón. El flamante primer ministro del Partido Demócrata Japonés, Yukio Hatoyama, repitió poco antes de asumir la promesa que hizo durante la reciente campaña electoral para reducir las emisiones en un 25% de los niveles de 1990, muy por encima de la meta de 8% prometida por su antecesor, Taro Aso. Pero había una salvedad importante: la oferta está supeditada a que  "todas las demás grandes naciones" se unan en un "justo y eficaz" marco para la regulación de las emisiones en Copenhague.
 
En el marco del Protocolo de Kyoto de 1997, Japón se comprometió a reducir las emisiones de al menos 6 por ciento de los niveles de 1990 para el año 2012. Sin embargo, sigue estando lejos de ese objetivo, ya que en 2005 las emisiones eran en realidad un 7,8 por ciento más que en 1990.

Estados Unidos. La elección de Barack Obama y el nombramiento del Premio Nobel físico Steven Chu como secretario de Energía han proporcionado un nuevo aire y la esperanza de un cambio de la política climática de EE.UU.. Sin embargo, ha quedado claro que la economía y la reforma del sistema de salud son las prioridades del mandatario norteamericano. El proyecto de ley para mitigar el cambio climático, que incluye un compromiso vinculante de reducir las emisiones de EE.UU. de los niveles de 2005 en un 17% en 2020, fue aprobado por La Cámara de Representantes pero todavía espera la aprobación de un Senado renuente.

Todd Stern, el negociador del Departamento de Estado para el cambio climático, continuó ejerciendo presión a las naciones en desarrollo al decir que si bien sería una "gran ayuda" para el Senado aprobar la legislación antes de Copenhague, no es algo que resulte “absolutamente crucial”. Además señaló que de continuar las posiciones recalcitrantes de países como China e India, que no parecen dispuestos a colaborar para alcanzar un acuerdo internacional, los legisladores de EE.UU. podrían aumentar la presión para incorporar medidas proteccionistas al proyecto de ley.

India. Jairem Ramesh, ministro de Medio Ambiente de la India, dijo que su país se encuentro dispuesta a cuantificar la cantidad emisiones de gases que se podría recortar con las medidas internas para combatir el cambio climático pero que no aceptará metas vinculantes a nivel internacional y al mismo tiempo señaló que de no llegar a un acuerdo en Copenhague no hay que a creer que el mundo llegará a su fin.

India dice estar tomando medidas de adaptación y de limitación de emisiones, principalmente a través de medidas internas como una mayor utilización de energías renovables y un uso más eficiente de la energía.

Alemania. Angela Merkel ha tenido mucho éxito en ubicar a su país, y a ella misma, como líderes en la lucha contra el cambio climático. Como mandataria del país cuya economía es la más grande de Europa utiliza su poder dando el ejemplo de su propia experiencia como líder de un partido conservador que ha logrado convencer a poderosos sectores industriales de Alemania de que la sustentabilidad no tiene por qué impedir el crecimiento. Negoció un importante acuerdo del G8 en 2007 que tiene por objeto reducir las emisiones un 36 por ciento en 2020 y ha introducido objetivos ambiciosos en materia de energía renovable en su nación.

Francia. El Presidente Nicolas Sarkozy planea instalar un impuesto al carbono (o "contribución climática”) sobre el transporte, los hogares y fábricas con el fin de cumplir el objetivo de reducir sus emisiones de dióxido de carbono a un cuarto de sus niveles actuales en los próximos 40 años. Sarkozy quiere que, en una primera etapa, el valor del impuesto sea de 17 euros por tonelada de dióxido de carbono en todas las formas de energía, con excepción de la electricidad.

Esto aumentará el valor del combustible para calefacción y los precios de los combustibles en surtidor en torno a cuatro centavos el litro; también generará un modesto cargo extra en las facturas de gas. Aunque Suecia ya tiene un impuesto similar, Francia sería la primera gran economía industrial en introducir un impuesto ecológico de este tipo de manera sistémica.

China. Las mejoras en la eficiencia energética y el fomento del desarrollo de energías renovables son algunas de las medidas que está tomando el país en virtud de su plan de cinco años. Estas decisiones en conjunto con los planes de reforestación y un sector del transporte de bajo carbono están contribuyendo a una trayectoria de emisiones menor.

Para el año 2020, las emisiones totales de dióxido de carbono de China es probable que sean un 40 por ciento mayor que hoy, debido al importante crecimiento económico previsto. En virtud de su escenario más ambicioso, las emisiones totales de China alcanzarán su nivel máximo entre 2030 y 2035. Para esto debe darse una combinación de hechos que incluyan generosa ayuda financiera, transferencia tecnológica, cambios en los hábitos de los consumidores, una enorme inversión en energías renovables y la reestructuración a gran escala de su economía.

Las emisiones subirían dos veces más rápido si China continúa con el crecimiento económico alto en carbono de los últimos tiempos, por lo que por primera vez pueden estar considerando la introducción de un objetivo nacional que limitará las emisiones en relación con el crecimiento económico en el próximo plan quinquenal a partir de 2011. Esto consistiría en transformar los existentes objetivos de reducción de intensidad energética a la limitación de dióxido de carbono. Los más optimistas auguran que si bien el país no se encuentra en condiciones de recortar las emisiones a nivel agregado, si puede reducir su "intensidad de dióxido de carbono respecto del PBI" a la mitad en la próxima década. Esto significa que China sería capaz de frenar el crecimiento de sus emisiones de aquí a 2020.

Para plantear este compromiso, el gobierno de China sostiene que los países desarrollados deben reducir las emisiones en un 40 por ciento respecto de los niveles de 1990 para el año 2020 y prestar asistencia financiera a los países más pobres.

 

 

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Avances en la Política de Cambio Climático de los Estados Unidos
(publicado: viernes 26 de junio de 2009)

 

Artículo disponible sólo en inglés

 

 

 

EE.UU avanza en la implantación de un sistema reducción de emisiones
(publicado: 5 de junio de 2009)

 

Como es de público conocimiento, EE.UU. nunca ha ratificado el Protocolo de Kyoto y se mantuvo en un segundo plano en las discusiones internacionales relativas a esta problemática. Sin embargo, el presidente Barack Obama ha mostrado un discurso  totalmente contrario al de su predecesor, prometiendo un régimen que promueve profundas reducciones de emisiones en su país y, al mismo tiempo, una vigorosa diplomacia en la discusión climática internacional.

La fuerte apuesta de Obama es crear un plan federal de comercio de emisiones bajo un esquema de cap-and-trade. Si bien existen regímenes como el Regional Greenhouse Gas Initiative (RGGI) – una iniciativa regional de 10 estados de la región Noreste del país – y la California Global Warming Solution Act, los esfuerzos por crear un sistema de reducción y comercio de emisiones para reducir los gases efecto invernadero a lo largo y ancho del territorio han fracasado hasta ahora.

El último proyecto de ley que promovía el establecimiento de un sistema de cap-and-trade fue el que presentaron los senadores Lieberman y Warner durante el transcurso de 2008. Los legisladores debatieron la propuesta, pero como era de esperarse dado el escaso interés del gobierno republicano, los patrocinadores del proyecto de ley no lograron obtener los votos necesarios para su aprobación. Las cosas cambiaron con la llegada de Obama a la Casa Blanca, renovándose las esperanzas de alcanzar un esquema federal destinado a mitigar el cambio climático. El 15 de mayo de 2009 los representantes de EE.UU., Henry Waxman y Ed Markey, presentaron oficialmente el American Clean Energy and Security Act (conocida como acta W-M).

Se trata de una propuesta legislativa para establecer un estándar nacional de energías renovables y un esquema federal de cap-and-trade de emisiones que, actualmente, debate el pleno de la Cámara de Representantes. Ésta fija una reducción del 17% en las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 2005 para el año 2020 (la meta original era del 20%). El objetivo a largo plazo (un 83% de reducción para el año 2050) sigue en pie y está en línea con las metas de otros países desarrollados.

El proyecto permite mecanismos flexibles, aunque no acepta automáticamente todos los certificados de créditos que se encuentran dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio. Sin embargo, ofrece un generoso límite permisible de dos billions de toneladas anuales para compensaciones nacionales e internacionales, al tiempo que permite su comercio internacional.

Según el modelo utilizado por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) para analizar el proyecto de ley WM,  basado en los últimos escenarios planteados por la Agencia de Información de Energía (EIA), se prevé que el nivel de emisiones aumente gradualmente hasta los 3.291 MtCO2e a lo largo del período 2012-2020, lo que corresponde a una brecha a cubrir anualizada de 366 MtCO2e.

La UE, por su parte, ha indicado que en caso de llegar a un acuerdo internacional satisfactorio, el bloque adoptará un objetivo de reducción más alto, de 30% por debajo de los niveles de 1990 para el año 2020, creando una demanda adicional de unos 300 MtCO2e por año durante 2013-2020.

Esto significa que la aprobación del proyecto que se debate actualmente en el Congreso Americano tiene el potencial para aumentar las necesidades de reducciones anuales de emisiones de carbono en un 85%.

Lo verdaderamente notable es que el concepto de cap-and-trade, que en el año 2008 constituía una fuente de controversia en el debate sobre el control de emisiones, se ha convertido en 2009 prácticamente en el punto de encuentro de los legisladores de ambos partidos políticos.

Quizás la contribución más importante de este proyecto en el largo plazo sea que, en caso de aprobarse, se establece la trayectoria de las emisiones de EE.UU. en la dirección correcta y crea una expectativa de restricciones y límites a las emisiones de carbono a lo largo del tiempo, dando un plazo suficiente para que la economía se ajuste y diseñe un plan de inversiones de capital según sea necesario.

 

 

 

Crisis Financiera: Sector de la Energía y Mercados de Carbono
(publicado: martes 26 de mayo de 2009)

 

Artículo disponible sólo en inglés

 

 

 

Nuevo plan de Obama sobre eficiencia energética
(Publicado: jueves 21 de mayo de 2009)

 

El martes 19, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció un nuevo plan para los estándares de eficiencia energética y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero en la industria automotriz. Entre los principales objetivos del plan, se encuentran los siguientes:

  • Incrementar en un 5% anual la eficiencia de los combustibles entre 2012 y 2016, alcanzando una media estándar de combustible de 35.5 millas por galón en 2016,
  • Disminuir el consumo de petróleo en alrededor de 1,8 millones de barriles,
  • Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 900 millones de toneladas métricas,
  • El programa, que fue apoyado por 10 empresas automotrices y el sindicato de trabajadores (United Auto Workers), establece una clara política nacional para todos los fabricantes de automóviles, en lugar de las normas del Departamento de Transporte, la Agencia de Protección Ambiental, y un estándar de California que se aplican a otros 13 estados, y otorga a la industria previsibilidad y certidumbre acerca de las reglas de juego, así como de cierta flexibilidad para satisfacer los resultados esperados.

Este nuevo plan pone a los Estados Unidos en una posición más clara y decisiva para atacar el calentamiento global a través de la regulación de las emisiones de los vehículos, uniéndose de esta forma a otros países y regiones que ya han anunciado planes para reducir las emisiones de la industria automotriz como, por ejemplo, Japón, la Unión Europea Unión Europea y China:

  • Japón:
    • Los estándares de 2009 limitan las emisiones a 0,7 g/kWh para los óxidos de nitrógeno y 0,01 g/kWh para la materia particulada,
    • Los propietarios de vehículos deberán o sustituir sus vehículos más antiguos por modelos más modernos, o adaptarlos a los nuevos estándares de emisiones, y
    • El plazo para cumplir con los estándares es de 9 años.
  • Unión Europea (UE):
    • El plan, pendiente de aprobación por el Parlamento y los países miembros, tiene por objetivo reducir, en promedio un 18% las emisiones de carbono de los vehículos, a 130 gramos por km en un enfoque gradual,
    • Los fabricantes deberán tener el 65% de su flota bajo estos estándares para 2012, el 75% para 2013, el 80% en 2014 y 100% en 2015,
    • Las multas para los fabricantes que no cumplan con estos objetivos será de 5 euros por automóvil para superar la meta de un gramo, 15 euros por coche para el segundo gramo, y 25 euros para el tercero,
    • Para los fabricantes que superen en más de tres gramos la multa será de 95 euros por cada gramo de más. Después de 2018, cualquier exceso de emisiones tendrá que afrontar una multa de 95 euros por coche, y
    • El plan intenta cortar las emisiones en un promedio de 95 gramos por kilómetro para el año 2020.
  • China:
    • China promulgó sus primeros estándares de emisiones desde los  vehículos en 2000, tomando como base las normas de la UE que se pusieron en marcha en 1992,
    • En virtud de las normas que rigen en la actualidad en la mayor parte de China, los vehículos que funcionan con nafta pueden emitir 2,3 gramos por kilómetro de monóxido de carbono, 0,2 gramos por kilómetro de hidrocarburos y de 0,15 gramos por kilómetro de óxidos de nitrógeno,
    • Las normas más estrictas que se promulgaran en 2010 permitirána los vehículos a nafta emitir  1 gramo por kilómetro de monóxido de carbono, 0,1 gramos por kilómetro de hidrocarburos y 0,08 gramos por kilómetro de óxidos de nitrógeno, y
    • Las estimaciones de los costos del plan varían desde un sobreprecio de U$S 1.300 por vehículo, de acuerdo a administración de Obama, hasta entre U$S 5.000 y U$S 12.000 por vehículo, de acuerdo a expertos en la materia.

Dado que el programa pretende mejorar la eficiencia del combustible en hasta un 40%, los principales fabricantes automotrices deberán aumentar su demanda por turbocompresores, baterías de iones de litio más avanzadas y motores eléctricos para automóviles y camiones, lo que representa una gran posibilidad de desarrollo para las empresas que suministran estas tecnologías híbridas necesarias para cumplir con los nuevos estándares como, por ejemplo, BorgWarner Inc., Honeywell International Inc., Johnson Controls Inc., A123 Systems, Continental AG y LG Chem Ltd.

Por otra parte, el programa podría poner una barrera a la industria del etanol, dado que los combustibles alternativos presentan un contenido energético más bajo que la nafta: el combustible combinado que se ofrece (85% etanol y 15% nafta) presenta un rendimiento menor de entre  20% y 30% de millas por galón. Al menos que los productores de etanol pueden influenciar a la industria automotriz para que fabrique vehículos con motores especiales para superar la diferencia en el rendimiento de millas por galón, el plan de Obama podría ser un duro golpe a la industria de etanol.

A pesar de esto, el grupo industrial de etanol Estados Unidos elogió el plan de Obama, sosteniendo que los motores avanzados podrían ayudar a los vehículos alimentados por etanol a alcanzar un desarrollo similar a los alimentados a nafta. Según el presidente de la Asociación de Combustibles Renovables, Bob Dineen, "Las nuevas tecnologías de motores que se están desarrollando permitirán capitalizar la mayor cantidad de octanaje disponible de los combustibles mezclados con etanol, reduciendo las diferencias en rendimiento por galón y aumentando tanto el rendimiento del motor como de la eficiencia de los vehículos futuros".