Observatorio 2020

Objetivos

Como Desarrolladores de Negocios, PROSPECTIVA 2020 es consciente de que el éxito económico a largo plazo depende de combinar buenas políticas macroeconómicas con estrategias de mayor alcance para enfrentar los desafíos que presentan los temas estructurales.

Entonces, ¿cómo mejoramos la calidad en la toma de decisiones? Complementando el análisis macroeconómico con una mirada estructural de los factores. Este es el objetivo principal del Observatorio 2020. Porque sabemos que la producción de información trabajada de manera didáctica y enriquecida por el conocimiento sobre la situación internacional aumenta el margen de certidumbre empresaria. 

En economías acostumbradas a los drásticos cambios de rumbo y periódicamente sometidas a situaciones extremas hay quienes pueden dudar sobre la utilidad de reflexionar acerca de la toma de decisiones a largo plazo, sobre la capacidad competitiva de la economía o sobre un crecimiento sostenido en el tiempo.

Las frecuentes fluctuaciones económicas de los países emergentes, el control de la inflación, el nivel del tipo de cambio, la estabilidad fiscal y, en general, la estabilidad macroeconómica ocupan hoy un lugar preeminente entre las fuentes de consulta empresaria a la hora de tomar decisiones.

Es indudable que estos factores constituyen una plataforma indispensable para sostener el crecimiento de la economía. Sin embargo, para lograr un crecimiento sostenido que además aumente la equidad del sistema económico hace falta, utilizando la mencionada plataforma, lanzar políticas de largo plazo en otros frentes.

La estrategia de inserción en los flujos internacionales de comercio e inversión; el esquema de relación con una frontera tecnológica difusa y en movimiento en la mayoría de los sectores estratégicos - incluído el agropecuario -; las modificaciones radicales previstas para las próximas décadas en la matriz energética mundial (cambio en los precios del petróleo, concentración del mismo en un área geográfica, la aparición de nuevas tecnologías a través de fuentes renovables – incluidos los biocombustibles); las nuevas restricciones y los nuevos negocios relacionados con el cambio climático y las emisiones de carbono (que abren un enorme frente en el área del desarrollo de nuevos materiales, el cambio de los procesos productivos, la sanción de nuevas exigencias de tratamiento de residuos urbanos, el reciclado de residuos tóxicos y el comercio de certificados de reducción de emisiones de gases “efecto invernadero)...

Éstos y muchos otros temas estructurales presentan un enorme desafío para un país que busca desarrollar una economía moderna. Requieren una estrategia clara y de largo plazo para aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos.

No menos importantes son las cambiantes estrategias de negociación comercial multilateral y la proliferación de acuerdos bilaterales, que obligan a estudiar cuidadosamente la estrategia de inserción comercial del país. Ésta debe ir mucho más allá de la promoción comercial si el objetivo final es alcanzar un aumento de las exportaciones y de las manufacturas con alto valor agregado y de media y alta tecnología.

Por su parte, la formación de capacidades domésticas para producir e incorporar tecnología son esenciales en este contexto. No desde un plano académico o político sino estrictamente desde una óptica de negocios. Una estrategia clara en este campo es esencial para alcanzar la reducción de la pobreza y la marginalidad a través de un proceso de inserción creciente y progresiva del ciudadano al mundo de los negocios. Esto no sólo genera un aumento de la fuerza laboral sino también estimula el desarrollo de nuevos emprendedores, mejora la distribución de la riqueza, reduce el clientelismo político y la necesidad de subsidios al desempleo.

Y en ese plano aparece un tema central que corta transversalmente cualquier análisis o interpretación que pueda hacerse sobre la capacidad de competencia de un país. Se trata de las instituciones y el cambio institucional.

La relación entre las instituciones – entendidas como conjuntos de normas y reglas escritas y no escritas de una sociedad y no como organizaciones – el cambio institucional y la performance económica es ampliamente reconocido como un factor crítico para sostener el crecimiento y mejorar la distribución a largo plazo. Sin embargo, es poco lo que se sabe acerca de esas relaciones y mucho menos los que se incluye acerca de ellas en los análisis económicos o de negocios (más allá de los problemas vinculados con el cumplimiento de los contratos y el imperio de la ley).

Los análisis macroeconómicos son necesarios. En muchos países incluso son imprescindibles. Pero deben ser complementados con una mirada más estructural sobre el desempeño de la economía que incluya temas como la energía, el comercio y las inversiones, la incorporación de tecnología y el marco institucional adecuado para luchar con éxito contra la pobreza y la marginalidad de una manera moderna.

Entender mejor la evolución de estos problemas y las nuevas oportunidades y desafíos que presentan es una forma de mejorar nuestra capacidad de entender y proyectar el escenario en el que se desenvuelven nuestros negocios.

De esta forma, a través de su Observatorio 2020, PROSPECTIVA 2020 le acerca a un exclusivo grupo de clientes información periódica donde se evalúan tendencias, oportunidades económicas y posibles escenarios de desarrollo sobre diferentes temas estructurales, que permitan al empresario descubrir las nuevas oportunidades comerciales y hacer frente a los nuevos desafíos que se le presentarán en el mediano y largo plazo.