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Energías Renovables y Cambio Climático

La importancia de la energía en la organización de la sociedad y el desempeño económico es difícil de sobre estimar. Prácticamente toda actividad humana consiste en transformar una forma de energía en otra, como bien lo señala la primera ley de la termodinámica, y no hay forma de producción alguna – ni la hubo en el pasado – que no dependa del precio y las características del abastecimiento de energía.

Una economía global en expansión, que registra el arribo de importantes nuevos jugadores a la vanguardia del sistema productivo mundial – como China e India – registra renovadas presiones sobre la estructura y dinamismo de su ecuación energética debido a los constantes aumentos de demanda y a la evolución de las reservas de los distintos tipos de combustibles fósiles. Adicionalmente, la concentración geográfica de las mismas en unas pocas regiones del planeta – sobre todo para el caso de las reservas petroleras – genera importantes preocupaciones.

Por otra parte, un creciente número de expertos relaciona el consumo típico de energía actual con el marcado proceso de deterioro del medioambiente, generando una justificada preocupación por la sustentabilidad a largo plazo de la matriz de producción mundial de bienes y servicios.

La respuesta política internacional al proceso de deterioro del medioambiente se inció en 1992, con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC o UNFCCC, por sus siglas en inglés). Dicha convención fue diseñada para sensibilizar a la opinión pública y aumentar los conocimientos sobre los desafíos y obstáculos que enfrenta la mitigación del cambio climático. Paralelamente, la CMNUCC establece un marco para la adopción de medidas destinadas a estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero y así prevenir la peligrosa interferencia humana en el sistema climático.

El Protocolo de Kyoto, aprobado en 1997 por más de 170 países, reforzó la CMNUCC al comprometer a muchos países industrializados y economías en transición, los llamados «países en el Anexo 1", con objetivos individuales y jurídicamente vinculantes a limitar o reducir sus emisiones globales de gases de efecto invernadero en al menos un 5% por debajo de los niveles de 1990 de las emisiones durante el período 2008-2012. A su vez, con el fin de reducir los costos generales de la consecución de objetivos en materia de emisiones, el Protocolo de Kyoto estableció los siguientes tres innovadores "mecanismos de flexibilidad":

  • Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL): abarca proyectos de reducción de emisiones en los países situados predominantemente en el mundo en desarrollo (“países no Anexo I”). Estos proyectos generan Certificadas de Reducción de Emisiones (CREs). 
  • Implementación Conjunta (AC o Joint Implementation): incluye la reducción las emisiones a partir de  proyectos localizados en países del Anexo I, generando Unidades de Reducción de Emisiones (UREs).
  • Comercio de derechos de emisión (Emission Trading): es el comercio de "excedentes" entre las cuotas de emisiones permitidas entre los países del Anexo I.

Si bien Estados Unidos no ha ratificado el Protocolo de Kyoto, muchas organizaciones estadounidenses han adoptado una posición proactiva con respecto a las medidas relativas al cambio climático. Esto ha dado lugar a la aparición de un Mercado Voluntario que funciona en paralelo con el mercado de Kyoto. En este mercado se comercializan créditos de reducción de emisiones, conocidos como reducciones de emisiones verificadas (Verified Emission Reductions -VERs-), ya que no están relacionadas con el cumplimiento del Protocolo de Kyoto o de otros mandatos.

Estos dos grandes vectores  - la virtual escasez relativa de combustibles fósiles y los problemas medioambientales - representan una enorme fuente de innovaciones tecnológicas y de desarrollo de nuevos productos potenciales, como lo testimonian por ejemplo, las nuevas técnicas de extracción de combustibles fósiles, el desarrollo de nuevos mecanismos de almacenamiento y transporte de energía (como la celda de hidrógeno) y el desarrollo de las tecnologías destinadas a la producción de las llamadas “energías renovables”.